LA FRUCTOSA

FUENTE: "Alimenta tu cerebro"

¿SABES QUE?

La fructosa se ha convertido en una de las fuentes calóricas más comunes de la dieta occidental. Se la puede encontrar naturalmente en la fruta, pero no es de ahí de donde la estamos tomando; la mayor parte de la fructosa que consumimos proviene de alimentos procesados.

 

¿SABES QUE?

Nuestros ancestros comían fruta, pero solo durante las temporadas del año en que estaba disponible. Nuestro cuerpo no puede gestionar sin problemas las grandes cantidades de fructosa que consumimos hoy en día.

 

¿SABES QUE?

La fruta fresca, tiene relativamente poco azúcar en comparación con, digamos, una lata de refresco o un zumo envasado. Una manzana de tamaño mediano, por ejemplo, contiene poco más de 70 calorías de azúcar mezclado con mucha fibra, por el contrario, una lata de 330 ml. de refresco regular contiene el doble: 140 calorías de azúcar. Un vaso de 330 ml. de zumo natural de manzana (sin pulpa) tiene más o menos la misma cantidad de calorías de azúcar que el refresco. Sin embargo, tu cuerpo es incapaz de distinguir si el azúcar viene de un zumo de manzanas naturales o de una fábrica de refrescos.

 

¿SABES QUE?

De todos los carbohidratos existentes en la naturaleza, la fructosa es el más dulce. Por eso nos gusta tanto. Sin embargo, contrariamente a lo que podrías imaginar, su índice glucémico (IG) no es alto. De hecho tiene el IG más bajo de todos los azúcares naturales porque se metaboliza en gran parte en el hígado. Por lo tanto, no tiene efecto inmediato en nuestros niveles de azúcar o insulina en sangre, a diferencia del azúcar de mesa o del jarabe de maíz alto en fructosa, cuya glucosa termina circulando por el cuerpo y aumenta los niveles de azúcar en sangre.

No obstante, eso no significa que la fructosa sea nuestra mejor amiga, porque, cuando se consume en grandes cantidades provenientes de fuentes no naturales, acaba teniendo efectos a largo plazo.

 

¿SABES QUE?

Diversos estudios han demostrado que la fructosa se asocia con mala tolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina, altos niveles de lípidos en sangre e hipertensión. Además representa una gran carga para el hígado, que se ve obligado a gastar tanta energía convirtiendo la fructosa en otras moléculas que se arriesga a quedarse sin ella para sus otras funciones. Uno de los problemas que acarrea el consumo total de esta energía es la producción de ácido úrico, una consecuencia ligada a problemas de hipertensión, gota y piedras en los riñones. Asimismo, dado que la fructosa no desencadena la producción de insulina y leptina -dos hormonas clave para la regulación del metabolismo-, las dietas altas en fructosa suelen provocar obesidad y sus consecuentes repercusiones metabólicas.

 

¿SABES QUE?

La fibra de las frutas y de las verduras hace más lenta la absorción de fructosa en el torrente sanguíneo. Sin embargo, el jarabe de maíz alto en fructosa y la fructosa cristalina cristalina alteran el metabolismo del intestino, lo que, junto con el exceso de glucosa, genera picos de azúcar en sangre y fatiga en el páncreas. Ahora bien, el jarabe de maíz alto en fructosa, en realidad no proviene de la fruta; como indica su nombre, es un edulcorante hecho a base de jarabe de maíz. Para su elaboración, la maicena se procesa para producir una especie de glucosa que puede aún más con enzimas que dan como resultado una sustancia transparente alta en fructosa que tiene más vida útil que el azucar de mesa normal.

El jarabe de maíz alto en fructosa termina siendo una mezcla de un 50% de fructosa y un 50% de glucosa, y esta última aumenta los niveles de azúcar en sangre.

 

¿SABES QUE?

Las investigaciones recientes evidencian que la obesidad podría ser un reflejo de los cambios en el microbioma causados por un exceso de consumo de fructosa.

 

¿SABES QUE?

En un estudio publicado en 2013 en el American Journal of Clinical Nutrition, un grupo de investigadores demostró que los niveles altos de fructosa pueden provocar que las bacterias salgan del intestino, entren en el torrente sanguíneo y dañen el hígado. En palabras de la autora principal del estudio, la doctora Kylie Kavanagh del Wake Forest Baptist Medical Center, " parece que los niveles altos de fructosa tiene algo que hace que los intestinos protejan menos de lo habitual, y en consecuencia permiten hasta un 30% más de filtración de bacterias".

 

"LA PRÓXIMA VEZ QUE TENGAS ANTOJO DE BEBER UN REFRESCO NORMAL O DE DIETA, O DE CONSUMIR ALGÚN ALIMENTO PROCESASO DE JARABE DE MAÍZ ALTO EN FRUCTOSA, ESPERO QUE LO PIENSES 2 VECES."

 

¿SABES QUE?

La fructosa influye en el desarrollo de esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), enfermedad en la que la grasa se acumula en el hígado y ocasiona inflamación; puede derivar en fibrosis y cirrosis hepática. De hecho, el consumo de fructosa se relaciona con la resistencia a la insulina, la hiperlipemia y la hipertensión. La fructosa tiene siete veces más probabilidades que la glucosa de convertirse en productos de glicación -conglomerado de proteína y carbohidrato con consistencia pegajosa parecida al caramelo-, los cuales causan estrés oxidativo e inflamación.

¿SABES QUE?

La fructosa no estimula la producción de insulina y leptina, dos de las hormonas clave para la regulación del metabolismo, lo cual explica en parte por qué las dietas altas en fructosa pueden provocar obesidad y consecuencias metabólicas que llegan al cerebro y provocan alteraciones neurológicas.